Cantaba un eternamente joven Raphael la noche del 14 de febrero de 2011 en el Gimansio Nacional de San José de Costa Rica a un grupo de seis mujeres y un hombre, un abanico de poesía hecha canción, de inspiraciones de un tal Manuel Alejandro en voz de un artista majestuoso, cuya sola presencia escénica hizo que aquellas mujeres y aquel hombre experimentaran en sus ojos y en sus oídos, algo muy cercano a un orgasmo. Claro que había más concurrentes, pero a fin de cuentas a quién engañamos, a quién coño le importan los demás, cuando sus aplausos eran los únicos capaces de hacerles estremecer a sí mismos y en su conjunto, en su conjuntito de calor humano enraizado con amor y amistad. El sustantivo perfecto para ese día: Amigosamor. Dos horas y 27 minutos (al final de cuentas no se trata esto de estadística, minuto más, segundo menos...), 28:32:15... don Raphael cantó sin parar una tras otra boleros, tango, su antiguo repertorio, su no muy antiguo, alguna colaboración nueva con el mentao Manuel Alejandro, y cosa que me hizo decir: NOOOOOOOOO!: Un set de rancheras, ni más ni menos... Como si no fuera suficiente con los karaokes... Y digo esto porque si hay algo que nunca he podido entender en mi puñetera vida bohemia, es en dónde diantres escucha tanta gente toda esa música ranchera, si lo único que yo sé que existe es Radio 1 (Ah, no, esa tampoco existe. Sisierrrrto)
En fin, resulta que andaba sola con las amigas y el amigo que es primo de una amiga que también es mi amigo. Y terminó tardito el concierto, tanto así que casi no da tiempo de ir a comerse algún tentempié (ay sí, como si aquí se comiera eso) porque casi todos los tentempieros estaban cerrados o cerrando. Pero bueno, sí nos encontramos uno y ahí quedamos...
Hasta hoy. Digo, hasta hoy no es lo mismo que Hasta ayer, la canción que interpreta divinamente don señor Mark Anthony. O sea, que no duró la tentempiedera hasta hoy, aunque sí llegué un tantico-no-más tarde de las 12 mn. Sino que hasta hoy me acuerdo de la dichosa cancioncita aquella de Estar enamorado es... Resulta que don Raphael dijo que era el colmo que después de escucharla como por 30 años (inclúyome, porque muy posiblemente habré escuchado el estreno mundial), los ticos solo nos supiéramos ese pedacito de canción y le dejábamos a él todo el resto. [Mutis]
Lloré, lloré como persona enamorada de la vida, del amor, de mí misma, de mi esencia, de mis amigas, de mis hijas, de mi entorno, de la Creación Divina. ¡Qué maravilloso es "estar enamorada es..."!
Por cierto, estoy enamorada de mi ciudad, y aunque eso era lo que tenía entre vena y falange al iniciar esta verborrea, estoy tan emocionalmente Raphaelizada en este momento, que creo que bloqueé el arte y la diplomacia para revisar los videos de anoche en mi cámara y desconcentrarme del día de cultura de la semana pasada que me llevó hace como una hora a pedirle a Rebeca que me permitiera acceso para escribir en su blog.
Pos ni modo dijo el cholo, otro día será. Cuando me acuerde, y si me da la gana. ¡HE DICHO!
martes, 15 de febrero de 2011
domingo, 13 de febrero de 2011
Un día a la vez
Sentada frente a la ventana, veo pasar un carro tras otro. Detrás del portón de la entrada, más allá de las casa de enfrente, el cielo azul con algunas nubes que impiden que los rayos del sol ingresen totalmente en el corredor de mi apartamento.El viento mueve las ramas de un árbol de la hermosa casa de adobe que colinda con la mole de cemento en la cual vivo. El sonido se confunde con el ruido que provocan las gotas de lluvia cuando caen sobre el cemento.
Una tarde de domingo; un domingo que avanza poco a poco entre lecturas, trabajo, búsquedas en la internet. No hay vacío... no hay angustia... solo disfruto cada línea que leo, cada imagen que observo, cada línea que corrijo. De pronto, disfruto la sensación de frío en los pies desnudos o el sabor del café en mi boca, mientras el sonido de los carros interrumpe el silencio de esta tarde de domingo.
Recuerdo que durante mi niñez, los domingos eran los días de más movimiento. Tíos y primos, hermanos y madres, nos visitábamos, íbamos juntos de paseo a algún potrero o nos tomábamos un café con leche frente al televisor.
Con los años, la casa se llenaba de sobrinos que corrían de un lado a otro de la casa, mientras yo trataba de concentrarme en alguna lectura académica. Ahora extraño esas risas y gritos infantiles y la dulce conversación de mi madre sentada en una mecedora en el corredor de la casa, disfrutando del fresco de la tarde y viendo pasar a la gente por la calle.
El sonido de la televisión que dejé encendida me regresa al presente; de nuevo los carros que pasan frente al apartamento y la sensación de frío en los pies...
El tiempo pasa minuto a minuto... un día a la vez. Un día más y una nueva oportunidad para, como el oráculo de Delfos recomienda... conocerme a mí misma. Dejar a un lado los recuerdos, ignorar el ruido de los carros y de la tele y concentrarme en la sensación de frío en los pies y en el sabor a café en mi boca.
Una tarde de domingo; un domingo que avanza poco a poco entre lecturas, trabajo, búsquedas en la internet. No hay vacío... no hay angustia... solo disfruto cada línea que leo, cada imagen que observo, cada línea que corrijo. De pronto, disfruto la sensación de frío en los pies desnudos o el sabor del café en mi boca, mientras el sonido de los carros interrumpe el silencio de esta tarde de domingo.
Recuerdo que durante mi niñez, los domingos eran los días de más movimiento. Tíos y primos, hermanos y madres, nos visitábamos, íbamos juntos de paseo a algún potrero o nos tomábamos un café con leche frente al televisor.
Con los años, la casa se llenaba de sobrinos que corrían de un lado a otro de la casa, mientras yo trataba de concentrarme en alguna lectura académica. Ahora extraño esas risas y gritos infantiles y la dulce conversación de mi madre sentada en una mecedora en el corredor de la casa, disfrutando del fresco de la tarde y viendo pasar a la gente por la calle.
El sonido de la televisión que dejé encendida me regresa al presente; de nuevo los carros que pasan frente al apartamento y la sensación de frío en los pies...
El tiempo pasa minuto a minuto... un día a la vez. Un día más y una nueva oportunidad para, como el oráculo de Delfos recomienda... conocerme a mí misma. Dejar a un lado los recuerdos, ignorar el ruido de los carros y de la tele y concentrarme en la sensación de frío en los pies y en el sabor a café en mi boca.
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sábado, 5 de febrero de 2011
Cosas de la vida
Durante un breve periodo de su vida, Enrique G. tuvo que convivir unas cuantas horas cada día con Juanjo M. Aunque sería más apropiado decir que lo tenía que soportar. Juanjo M. era uno de esos especímenes que necesitan sentirse superiores a los demás. Con algunos se conformaba en pensarlo en silencio. Con otros trataba de hacer patente ese pensamiento suyo y además de demostrar que su suposición tenía una base real y no caprichosa.
Al parecer, y según Juanjo M., a Enrique G. se le escapaban muchas de las cosas que ocurrían ante sus narices, así que cierto día se puso a hacerle recuento de cosas que habían ocurrido en sus proximidades sin que diera señales de haberse percatado. Enrique G. le escuchó con calma y cuando y cuando aquél hubo terminado, le respondió:
- Pues no te vanaglories tanto porque a mi perra aun se le escapan menos detalles de esos que a ti. Ella se entera de cualquier silla que cambien de sitio, de que una toalla no colgada exactamente igual que antes, o que los zapatos estén fuera de lugar.
Tras esta respuesta, inesperada para él, Juanjo M. quedó ligeramente abochornado y tampoco cabe descartar que con algo de rencor en el cuerpo. Que le hubieran hecho ver que las cualidades de las que tanto presumía tuvieran más que ver con su parte irracional que con la racional no debió de sentarle muy bien.
Más confuso se quedó cuando Enrique G. le preguntó por Palamedes, de quien no había oído hablar jamás, o por Estentor, que también le era desconocido, pese a que está en el origen de la palabra estentóreo, aunque a Juanjo M. le sonaba más 'ostentóreo', ni por supuesto tenía idea de quién podía haber sido el Cide Hamete Benengeli.
Entre Enrique G. y Juanjo M. había todo un cúmulo de diferencias, diríase que vivían en planos diferentes de la vida, y a pesar de hablar el mismo idioma tenían muchas más dificultades para entenderse que si sus lenguas hubieran sido distintas pero sus intereses en la vida hubieran sido los mismos. Claro que de eso sólo se había percatado uno de los dos, al otro se le había escapado ese detalle.
martes, 4 de enero de 2011
Pasa la vida
Años atrás los veía casi a diario en un parque. Bien a uno, bien al otro, y algunas veces a los dos juntos. Eran los padres de un niño de gran desarrollo físico, pero de no demasiadas luces. Tampoco ellos demostraban tener muchas. Pero el padre se tenía –debe de tenerse todavía- por muy listo. Necesitaba sentirse especial y tal efecto llevaba coleta y presumía de andar con grupos minoritarios.
Con uno de esos grupos con los que presumía tener contactos o sentir simpatías era el del grupo terrorista ETA. Yo no podía consentir que en mi presencia se hablara bien de una banda de asesinos y se lo dije. La mujer era la que mantenía el hogar. Trabajaba a temporadas y cuando tenía trabajo muchas veces estaba de baja, porque padecía –debe de seguir padeciendo- fibromialgia. De modo que a veces cobraba del trabajo y otras del paro, o de la Seguridad Social, cuando estaba de baja. Su sueldo era mísero. Su modo de defenderse en la vida consistía en contestar a todas las provocaciones, con lo que conseguía que la gente procurara no tener líos con ella y poco más. El marido trabajaba en una carpintería, a la que iba todos los días. No le entregaba nada de dinero a ella, puesto que le decía que no le pagaban, porque el dueño de la carpintería alegaba no tener dinero. No obstante, él acudía al trabajo porque era amigo de años de su jefe y no quería dejarlo en la estacada.
De vez en cuando discutían los dos, marido y mujer, y solía ceder él, como se puede suponer, dado que ella corría con los gastos, pero por su modo de conducirse se deducía que, pese a ceder, salía ganando. Llevaba años sin verlos, cuando me la encontré a ella por la calle. En la actualidad lleva un año divorciada. Su suegra había muerto y él había heredado una buena cantidad de dinero. No era cierto que él trabajara gratis en la carpintería, cobraba todos los meses. Ella iba a buscar un abogado porque él no le pagaba la pensión alimenticia de su hijo desde hacía meses.
Fuentes generalmente desinformadas dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio. No es cierto. El tiempo se limita a pasar. Grandísimos canallas tienen calles dedicadas y golfos irredentos tienen tratamiento de Excelentísimo Señor. ¡Qué complicado puede ser el vivir!
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Descanso
Este fin de año, luego de las carreras de navidad...más que las propias, las ajenas de quienes corrían tras la exigencia consumista de entregar todo el aguinaldo en las tiendas de moda, de marca o de "estilo", me escondí en una playa nacional. Me debatía antes, entre la picardía del Caribe o la sutileza del Pacífico. La decisión fue difícil. Siempre lo es, pero salir del frío San José en medio de una inesperada gripe, impulsaba rápidas acciones. Puntarenas fue la playa elegida y el frío del valle parecía acompañarme hasta la suave arena. Fuerte viento y bajas temperaturas se presentaron a la recepción. Pero el cansancio, una tina con agua caliente, comida en el salveque, ventana con vista al mar y el sonido de las olas en su ir y venir, marcaron un día completo de descanso. La mañana se instauró con un Sol asomado entre un cielo empedrado. No iba a temblar, como decía mi abuela, tan solo mantendría una rica temperatura mientras redescubría al "Puerto". Una punta bellamente adaptada al turismo, nuevos restaurantes, unos con asomos caribeños, otros con matices italianos y el resto, sin duda, con el sello del lugar. Una ciudad en calma, una zona pesquera de intercambio constante detrás del mercado, una soda con un pinto que sabía a sonrisa, una capresse de fuertes colores, un pescado entero bañadito en limón, una botella de agua en el bolsillo mientras entierro la historia de un año que se irá con la próxima ola que le alcance la marea. Un atardecer de fuego escondido entre el mural del cielo, aquel con misión de desdibujar un ferri con rumbo al mar, con verdes montañas teñidas tan solo por el sol, acompañando el camino de otros aventureros, que también recargan "pilas". Ese fue mi viaje de descanso y le agradezco a Dios y a sus manifestaciones en la Naturaleza, al lindo Puerto y a la especial compañía de aventura tan hermoso y descansado paseo. Felices fiestas a todos!
viernes, 29 de octubre de 2010
Libros digitales y cultura
Soy lectora habitual del excelente blog de Joaquín Rodríguez, Los futuros del libro. El otro día leí el artículo titulado "La mercantilización de la cultura y la devaluación de la propiedad intelectual". El autor refiere el hecho de que muchas compañías de telefonía van a ingresar al mercado de contenidos y se anuncia la inclusión de libros electrónicos entre sus servicios.
Cita el autor a John B. Thompson, quien se refiere a la mercantilización del negocio de los contenidos: "...como dice John B. Thompson en Merchants of culture, “la creciente mercantilización de los contenidos por agentes cuyo negocio no son los contenidos, está conduciendo a una devaluación del valor de la propiedad intelectual”.".
Agrega el hecho de que con la digitalización de los textos, su precio se reduce y, consecuentemente, se reducen los ingresos de los autores.
El tema es polémico y tiene muchas aristas. Mucho antes de la digitalización y distribución de textos por medio de empresas que carecen de tradición editorial, ha decaído la calidad de los contenidos considerablemente. Es usual toparse con textos plagados de faltas ortográficas o con diseños de muy mala calidad.
La digitalización de contenidos es una enorme oportunidad para invertir en correctores, editores y diagramadores de calidad. Hay que aprovecharla.
Y no solo eso, sino una enorme posibilidad de aprovechar las posibilidades que nos dan los hipertextos; ligar contenidos, hacer índices temáticos que nos faciliten navegar dentro del texto. Son nuevas oportunidades para crear textos de calidad, a partir de las herramientas que nos ofrece este nuevo medio.
Al final, un buen lector de textos apreciará la calidad.
Cita el autor a John B. Thompson, quien se refiere a la mercantilización del negocio de los contenidos: "...como dice John B. Thompson en Merchants of culture, “la creciente mercantilización de los contenidos por agentes cuyo negocio no son los contenidos, está conduciendo a una devaluación del valor de la propiedad intelectual”.".
Agrega el hecho de que con la digitalización de los textos, su precio se reduce y, consecuentemente, se reducen los ingresos de los autores.
El tema es polémico y tiene muchas aristas. Mucho antes de la digitalización y distribución de textos por medio de empresas que carecen de tradición editorial, ha decaído la calidad de los contenidos considerablemente. Es usual toparse con textos plagados de faltas ortográficas o con diseños de muy mala calidad.
La digitalización de contenidos es una enorme oportunidad para invertir en correctores, editores y diagramadores de calidad. Hay que aprovecharla.
Y no solo eso, sino una enorme posibilidad de aprovechar las posibilidades que nos dan los hipertextos; ligar contenidos, hacer índices temáticos que nos faciliten navegar dentro del texto. Son nuevas oportunidades para crear textos de calidad, a partir de las herramientas que nos ofrece este nuevo medio.
Al final, un buen lector de textos apreciará la calidad.
jueves, 21 de octubre de 2010
Redes sociales: ¿una forma más simple de comunicación?

Recuerdo que durante mi infancia, solíamos ir a pasear al campo con hermanos, primos, tíos, hasta los abuelos alguna que otra vez. Era sencillo programar un domingo en el que iríamos a un río, nos meteríamos en el agua helada y haríamos café para calentarnos, con la ayuda de una fogata improvisada.
Con los años, las posibilidades de encontrarnos habitualmente disminuyeron. Ya no podemos contar con un fin de semana libre, porque las actividades laborales y académicas nos lo impiden; eso sin mencionar los oficios domésticos u otro tipo de compromisos.
Llegamos al extremo de olvidar el número telefónico de amigos y familiares, pues pocas veces teníamos la posibilidad de marcarlo para preguntar -al menos- cómo les iba.
En forma paralela a nuestras carreras cotidianas, el mundo de la informática, las nuevas tecnologías de la comunicación invadieron no solo nuestros lugares de trabajo, sino también nuestros hogares. Ya no eran suficientes las horas laborales para conectarnos con compañeros, socios o clientes, sino que desde la casa teníamos que enviar el último trabajo que no acabamos, a nuestro jefe o profesor. Pero, entre línea y línea de escritura, nos asomábamos a algunos sitios interesantes: primeros fueron los tradicionales chats, el famoso Messenger que ya tiene mucho tiempo en nuestro escritorio virtual; luego vinieron los foros, desde donde podíamos conectarnos con personas al otro lado del océano (en tanto no salúdabamos al vecino ni llamábamos por teléfono a nuestros familiares); después aparecieron otros medios de comunicación que no solo nos permitían chatear un rato, sino también compartir documentos, fotos, videos o, tan solo, lo que nos pasaba por la mente en ese momento.
Los preferidos en este momento son Twitter y Facebook; pero han tantas redes sociales como temas o espacios pudiera pensarse. Cualquier eje común es capaz de atraer a miles de personas. Las posibilidades de estas dos son su genericidad (no reúne -en principio- a un grupo particular de personas) y las posibilidades que tienen para crear subgrupos.
Ahora, como hace algunos años atrás, seguimos sin tomar el teléfono para hacer una llamada a nuestros amigos o familiares, pero sí lo hacemos para conectarnos a internet e ingresar al Facebook o al Twitter (en caso de que no tengamos a mano la computadora) y escribir un comentario o chatear con algún amigo que se encuentre en línea. Un estudio reciente de Universal McCann señala que las redes sociales se han convertido en el teléfono del siglo XXI. Bien por ellas, en la medida en que nos permiten acercanos a las personas que hemos dejado un poco de lado.
Pero, ¿estará esto minando nuestras destrezas de comunicación presencial?, ¿seremos incapaces, en un futuro cercano, de conversar con una persona, mirarla a los ojos y expresar con palabras, entonaciones y con el movimiento de nuestro cuerpo, lo que sentimos? Esa es ahora la pregunta. Me parece que las posibilidades virtuales se han ensanchado notablemente, pero no podemos crear un mundo virtual a nuestro alrededor y renunciar al contacto físico. Habrá que encontrar un justo balance.
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